miércoles, 15 de enero de 2014

7 consejos para gestionar la conflictividad en el aula.

A lo largo de nuestra carrera como docentes nos encontramos con grupos que presentan una determinada conflictividad en el aula. Lo cierto es que esta conflictividad puede deberse a múltiples factores como la presencia de alumnos repetidores, la falta de conciencia de grupo, la existencia de alumnos con una problemática personal grave… Todos estos conflictos hacen que debamos dar el máximo de nosotros mismos en nuestras sesiones lectivas y aún así no siempre el resultado es el que esperamos.
Es por ello que el artículo de hoy tiene la intención de daros algunas pautas para minimizar al máximo la conflictividad en el aula de un grupo. Tal y como he dicho anteriormente, los factores que provocan la conflictividad son muy diversos, pero quiero pensar que algunos de estos consejos os ayudarán a la hora de enfrentaros a un grupo conflictivo.

¿Cómo podemos gestionar la conflictividad en el aula?

1. Evitar el enfrentamiento directo. Cuando nos referimos a la conflictividad o problemas de conducta de un grupo, en muchas ocasiones nos referimos a unos cuantos alumnos que son los causantes de continuas distorsiones en el aula. En muchas ocasiones son alumnos que continuamente intentan transgredir las normas de convivencia propuestas por el centro. En este sentido es importante que el profesor evite en todo lo posible el enfrentamiento directo en el aula. Es mucho más efectivo hablar fuera del aula con el alumno o los alumnos que creamos conveniente. Este tipo de alumnos suelen crecerse en el aula, pero no cuando están frente al docente en un espacio que no es precisamente su aula de referencia. Si evitamos la confrontación verbal, conseguiremos rebajar la tensión y el ritmo de la sesión lectiva no se verá tan perjudicado. Hay que intentar responder con rotundidad a estas provocaciones pero sin caer en la discusión. Somos los docentes los que debemos marcar el “tempo” de la clase y no determinados alumnos.
2. Reducir al máximo los momentos de Tiempo Muerto. Una sesión lectiva se compone de tres Segmentos de Actividad. Para saber más sobre este concepto os recomiendo el artículo titulado Aprendizaje Cooperativo: ¿Qué son los Segmentos de Actividad? En una sesión lectiva hay tiempo para el profesor, tiempo para el alumno y tiempo para lo que denominamos Tiempo Muerto. Este último se caracteriza por estar vacío de contenido y ser poco productivo. Aunque es inevitable que en una sesión lectiva se produzcan Tiempos Muertos, es conveniente que se minimicen al máximo, porque suelen ser momentos propicios para la proliferación de conflictos. Debemos reducir al máximo el Tiempo Muerto al inicio y final de la sesión lectiva, así como las transiciones de contenidos a procedimientos o viceversa.
3. Reducir la clase magistral. En clases con una elevada conflictivad debe procurarse reducir lo que denominamos la clase magistral, es decir, la clase unidireccional en la que el profesor explica y el alumno escucha de forma pasiva. Lo que entendemos como escucha pasiva del alumno puede producir un aumento considerable de la conflcitividad en el grupo, ya que rápidamente una parte de los alumnos de una clase dejan de atender las explicaciones de los profesores y se producen conductas disruptivas, alumnos que molestan a otros compañeros… Los grupos conflictivos deben ser lo más dinámcos y participativos posible. Se trata de intentar que todos los alumnos en función de sus capacidades participen de forma activa durante el máximo tiempo que dura una sesión lectiva. Si hacemos participar a los alumnos con una determinada problemática en el aula, conseguiremos que este tiempo la sesión lectiva transcurra con una cierta normalidad. En este sentido es bueno trabajar mientras se explica técnicas de estudio como el subrayado o el esquema.
4. Realizar actividades procedimentales dirigidas. Una vez hemos conseguido minimizar la clase magistral, también es importante gestionar el tiempo de actividades procedimentales en el aula. A la hora de dar actividades debemos procurar que las mismas sean muy dirigidas y de fácil ejecución, es decir, que su realización no implique una reflexión considerable. Es mejor que en el aula se realicen actividades más mecanizadas, ya que los alumnos necesitan menos esfuerzo y concentración. En un grupo con una cierta conflictividad es más fácil que la mayoría de los alumnos complete un ejercicio sobre acentuación que no redacte una opinión personal sobre las redes sociales. En este sentido es preferible que las actividades que impliquen una cierta planificación se hagan en gran medida fuera de la sesión lectiva.
5. Formar grupos de trabajo cooperativo. La ventajas de trabajar a través del Aprendizaje Cooperativo en grupos con una cierta problemática son varias. En primer lugar conseguimos crear pequeños grupos de cuatro alumnos y rompemos lo que es el grupo clase. Además podemos repartir en cada grupo aquellos alumnos que presenten una determinada problemática. De esta forma la conflictividad en el aula se diluye en los grupos y se reduce, por tanto, la conflictividad. Divide y vencerás.
6. Potenciar la figura de líder. Aunque no depende del profesor, en el grupo clase hay que buscar la figura de lo que se denomina un líder positivo. Este líder positivo no tiene que ser un alumno brillante o el que mejor notas saca de la clase. El líder positivo es aquel que es respetado por los compañeros y que se toma en serio su educación. Este tipo de alumno reforzará enormemente al profesor, ya que puede mediar entre los alumnos más problemáticos y el resto de compañeros. Debe ser un alumno con personalidad, con iniciativa, respetado por sus compañeros y capaz de saber dirigirse a los que interrumpen o dificultan el correcto contenido de la sesión lectiva. Son alumnos de gran valor en el aula y debemos tenerlos muy en cuenta y potenciar sus cualidades en beneficio del resto del grupo.
7. Consensuar acuerdos con el Equipo Educativo del grupo. En las reuniones de Equipos Docentes es fundamental que a la hora de abordar un grupo que presenta una cierta conflictividad todo el profesorado que imparte clases al grupo vaya en la misma dirección. Los acuerdos a los que se lleguen deben ser consesuados y aplicados por todos los profesores. Será el tutor el que se encargará de comunicar al grupo las decisiones tomadas y a partir de ahí todos los docentes actuarán en consecuencia. Se trata de fijar normas básicas que puedan ser pertinentes a ese grupo como la puntualidad, criterios de expulsión del aula, respeto al turno de palabra, reducción de la conducta disruptiva, sanciones individuales y/o de grupo… Es fundamental que todos los alumnos de un mismo grupo sepan que todos los docentes van a una y que aplican los mismo criterios.
Es cierto que no existen fórmulas mágicas para gestionar grupos conflictivos. Pero esta conflictividad debe intentar ser transformada en una oportunidad para crecer como docentes. Dando lo mejor de nosotros, demostrando nuestra pasión por lo que hacemos, trabajando con los alumnos la empatía, realizando dinámicas para la formación de una conciencia de grupo… conseguiremos mejorar el clima y ello se traducirá en una mejora de la calidad nuestras sesiones que revertirá en el conocimiento y en la calidad de la enseñanza del grupo.
Espero que este artículo os haya sido de utilidad.
Fotografía extraída del banco de imágenes de Cenice