miércoles, 24 de abril de 2013

Estoy por graduarme. Y ahora, ¿Qué hago?


A punto de finalizar el bachillerato, muchos adolescentes tienen serias dudas sobre su vocación profesional y hasta se embarcan en estudios sin saber cuál es su verdadero potencial. ¿Quiere saber cómo ayudarlos en esta etapa tan decisiva? Siga leyendo...


Las inclinaciones hacia ocupaciones distintas a las tradicionales no deberían señalarse como negativas

La historia se repite en las aulas de 5to año. Muchos estudiantes que presentan pruebas académicas para entrar a las universidades no están totalmente seguros de qué anhelan hacer con sus vidas; otros, optan por carreras para las cuales no tienen vocación o, sencillamente, siguen las indicaciones de sus padres o amigos, algo que, en ocasiones, conduce a los muchachos al fracaso en la educación superior o a la represión de verdaderas habilidades, gustos e intereses personales, con la consiguiente frustración personal.

Para ayudar a los jóvenes a descubrir sus habilidades e imaginarse un grato futuro profesional, docentes, psicopedagogos, psicólogos y padres pueden poner en práctica algunas acciones que contribuyan a esclarecer las inclinaciones ocupacionales; o, lo que es lo mismo, a identificar su orientación vocacional.

Las entrevistas cara a cara así como la realización de algunas pruebas que podrían determinar destrezas para profesiones u oficios determinados se cuentan entre las herramientas. Sin embargo, profesores y familiares deben entender que más allá de cualquier examen, la orientación vocacional es una búsqueda personal que depende de los recursos con los que cuente el individuo, sus experiencias y sus inclinaciones.

Según la psicóloga Iziart Torres, especialista en orientación vocacional, la ayuda que se brinda en las escuelas sobre este tema suele ser muy limitada porque se centra únicamente en brindar información sobre universidades y carreras sin indagar realmente en los intereses de los jóvenes. "Actualmente las pruebas vocacionales son aplicadas en tercer año de educación media, momento en el que los muchachos deben elegir casi de manera definitiva un camino (como ciencias o humanidades, por ejemplo), lo que es poco útil para vislumbrar una carrera en el futuro".

Para superar este escollo, Torres llama a padres y maestros a asumir la tarea de impulsar a los adolescentes a descubrir y desarrollar sus habilidades partiendo de las áreas que les ofrecen bienestar, progreso y satisfacción individual. Seis son sus claves.

1 Empezar temprano
"Desde que el niño entra en el colegio -expone la especialista Torres- deberían incluirse los intereses de los pequeños en las actividades que realizan, y a los maestros les corresponde estar en la capacidad de observarlos para establecer sus destrezas, en caso de que los padres no lo hayan hecho antes. Asimismo, debería existir una comunicación entre representantes y maestros con el fin de aupar sus motivaciones".

2 Validar intereses
"El teatro no te da dinero". "El esgrimismo no es una profesión". "Una venta de repuestos no es una profesión". Duras frases como las anteriores son frecuentemente dichas por padres, amigos y hasta maestros. "Las inclinaciones hacia ocupaciones distintas a las tradicionales no deberían ser señaladas como negativas. Al contrario, deben ser valoradas y aprobadas por el entorno. De esta forma, el niño crecerá para ser un joven seguro de lo que desea hacer y con la certeza de cómo lograrlo". De no haber sido por el apoyo de los padres de Rubén Limardo, Greivis Vásquez o Édgar Ramírez, estos hubiesen ahogado sus verdaderas habilidades.

3 En la diferencia está el gusto
Las carreras están en constantes cambios. Cada día el mercado laboral abre espacio a nuevos tipos de profesionales. Tal vez su hijo o su alumno encaje en el perfil de profesiones como jefe de cocina, administrador de hospitalidad o diseñador de videojuegos, algunos de los oficios mejor remunerados actualmente. "Es fundamental que padres y maestros conozcan las carreras y oficios que se ofrecen en el país e internacionalmente y los perfiles para las mismas".

4 Entrevistas con los que saben
El encuentro con un profesional del oficio que al joven le llama la atención podría ayudarlo a comprender qué se hace realmente en la profesión y ver si está dispuesto a ello. "Como parte de la orientación vocacional es importante que el interesado conozca un poco más de qué se trata y si en el futuro se ven realizando esa función. A veces los adolescentes se guían por la información que tienen folletos sobre la carrera, por los pares o la moda y no por la actividad que realmente se realiza", explica la psicóloga.

5 Hablar y ¡escuchar!
"El mejor apoyo que pueden dar tanto padres como maestros es permitirles que se expresen. Hay que preguntarles qué les gusta, sus intereses, con cuáles carreras se identifican", asegura la orientadora Torres. A esto se suma no imponer criterios (como las familias que tradicionalmente siguen una profesión). En caso que existan problemas económicos en casa o si el muchacho tiene otras responsabilidades que atender, es fundamental negociar con el joven y buscar alternativas para que este cumpla sus deseos sin afectar el funcionamiento del hogar (becas, rutinas, etc.).

6 Ir más allá de las calificaciones
Las calificaciones en muchas ocasiones son factores categóricos para decidir una carrera. Si el joven tiene buenas notas en castellano, pero no tan buenas en matemáticas, es común que padres, profesores y hasta el mismo muchacho aseguren que no tiene habilidades para las ciencias. Pero esto no necesariamente es así. "En las primeras etapas educativas se estudia lo que dice un pénsum y no necesariamente algo que guste -expone Torres. En cambio, en la universitaria, cuando el muchacho logra contactarse con lo que le interesa, se auto motiva y supera las expectativas. Está comprobado, a nivel estadístico, que las notas en el bachillerato no están relacionadas directamente con las calificaciones universitarias. Hay adolescentes con promedios bajos que en los estudios superiores son exitosos porque encontraron lo que les gusta". El rendimiento académico escolar no siempre predice el rendimiento universitario ni mucho menos cómo el futuro adulto desempeñará la profesión.

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CARMEN MOLINA