martes, 24 de junio de 2014

LA ETICA DEL TRABAJO (II Parte)

Continuando con la máxima revolucionaria del estudio y el trabajo para ser ciudadanos libres y de paz; nos encontramos con la determinación de un pueblo empeñado en mantener su soberanía e independencia lograda por la lucha de hombres y mujeres que lo dieron todo por tener Patria.   Como bien lo señalara Simón Rodríguez “Nadie hace bien lo que no sabe; por consiguiente nunca se hará República con gente ignorante, sea cual fuere el plan que se adopte” de allí la necesidad de continuar con la formación de nuestro pueblo hasta lograr tener no funcionarios; sino servidores públicos que asuman sus compromisos y responsabilidades con actitud revolucionaria, demostrando efectividad y eficiencia en el servicio que presten.
Durante los inicios de la Revolución Bolivariana, se realizaron importantes avances en la formación política de quienes participaban en los planes y programas implementados por el Comandante Hugo Chávez, que para muchos escépticos no eran más que actuaciones “populistas” que en nada se traducirían; sin embargo, con constancia, paciencia y trabajo hombres y mujeres comprometidos con la refundación de la Patria, el derecho a una vida digna y la oportunidad de ser protagonistas de sus propios destinos, lograron la conformación de una vanguardia presta a defender esos derechos por tanto tiempo negados.   Es así, como en el 2002, se logra dar al traste con el golpe de estado propiciado por el imperio y materializado por la derecha fascista y apátrida, retomando nuevamente el camino de la transformación.   Hoy, más que nunca, es un deber y un compromiso revolucionario el estudio y el trabajo creador; la organización de las masas, planificar y sugerir acciones que fortalezcan la unidad del pueblo, crear conciencia con el ejemplo, con el rescate de los valores morales que permiten una convivencia digna, humana, propia, independiente de colonias extranjeras e imperialistas, que nos permitan vivir, viviendo.
Es imprescindible en el escenario que vivimos hoy, una vanguardia revolucionaria que modele bajo la línea del trabajo y la educación, que revise y rectifique los errores de nuestro proceso bolivariano, reimpulse el pensamiento bolivariano y lo mejor del legado de Hugo Chávez al servicio de los pobres, sólo así se podrá desplazar a una élite que quiere enquistarse para vivir de los privilegios de la renta petrolera y con ello negar el carácter transformador de la revolución bolivariana.  Sobre esto volveremos en la próxima entrega
“Toca a los maestros hacer conocer a los niños el valor del trabajo, para que sepan apreciar el valor de las cosas.”
“El maestro de niños debe ser sabio, ilustrado, filósofo y comunicativo, porque su oficio es formar hombres para la sociedad”
Simón Rodríguez

Nelson Escobar